La mujer en la yihad

Naida Asiyalova cometió un ataque suicida contra un autobús de Volgogrado en 2013

Mª del Carme Guirao Cid ::: Este es el primer artículo de una serie de publicaciones que dedicaremos al estudio del papel de la mujer en la yihad. En esta primera entrega, haremos una breve introducción al perfil de la mujer yihadista y cómo el estudio de este fenómeno se ha hecho, primordialmente, desde una aproximación antropocéntrica y paternalista.

 

A lo largo de los años, el estudio de la conducta criminal ha dejado de lado el papel que la mujer podría ejercer en la génesis del delito. La aproximación a este fenómeno se ha hecho, principalmente, desde la perspectiva antropocéntrica y paternalista, haciendo que la conducta violenta se limite al binomio hombre-agresor y mujer-víctima. Explicaciones, todas ellas, simplistas y unidimensionales.

Esta pauta se fue transmitiendo de generación en generación hasta el nacimiento de la Criminología feminista en el S.XX, que planteó la necesidad de revisar todo el conocimiento elaborado para descubrir el lugar que la mujer ha ocupado y ocupa dentro la explicación del crimen. Los trabajos de Carol Smart (Women, crime and criminology, 1977) y Ann Campbell (Men, women and agression, 1994) fueron los primeros que abordaron el tema.

Si bien hasta ahora el crimen era el centro de las investigaciones, el estudio del terrorismo no ha sido una excepción. La “mujer terrorista” ha empezado a estudiarse recientemente a pesar de que su presencia ya estuviera documentada, por ejemplo, en el conflicto palestino con Wafa Idris. La mayoría de libros y ensayos continúan estudiando a la mujer como “víctima” del terrorismo, perpetuando así los estereotipos de género.

No obstante, la existencia de la “mujer terrorista” es una realidad palpable, aunque aún hoy representen un grupo minoritario que actúa de forma individual (fenómeno que se conoce como “lobo solitario”) tras autorradicalizarse, o como parte de una organización.

Dzhennet Abdurakhmanova, una de las suicidas en el atentado del metro de Moscú de abril de 2010
Dzhennet Abdurakhmanova, una de las suicidas del atentado del metro de Moscú de abril de 2010

Si ponemos el foco sobre las mujeres suicidas, podemos apreciar que es un fenómeno que ha ido en aumento (Bloom, 2011). Según el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET), el 38,7% de los atentados suicidas han sido perpetrados por mujeres que actuaron bajo la organización Dâesh o Boko Haram, siendo anecdótica aquella que decide pasar a la acción de forma independiente.

En un contexto general, su participación se inició en 2006 con el líder de Al-Qaeda en Irak, Abu Musab al Zarqaui. Aumentó a partir de 2014 coincidiendo con la “llamada” que realizó el autoproclamado Califa Abu Bakr al-Bagdadi para que ellas también se unieran a la reconquista del Califato y a la reunificación de la Umma (comunidad de musulmanes). Un hecho al que se añadió la publicación en internet en 2015 del documento “Las mujeres en el Estado Islámico: manifiesto y estudio de caso” (al-Maraa fi al-Dawla al-Islamiya: risala wa taqrir) por parte de la Brigada al-Khansaa (sección femenina de Daesh). En él se dicta a la mujer musulmana cómo debe comportarse de acuerdo con la ley de la Sharia y qué rol debe adoptar dentro de la organización.

Las consecuencias de la “llamada” no tardaron en hacerse notar. Se estima que alrededor de 550 mujeres (13,7%) (García-Calvo, 2015) decidieron migrar hacía zonas de conflicto para combatir al enemigo, una cifra que jamás antes se había alcanzado. Este hecho hizo pensar en la emergencia de una nueva subcultura yihadista femenina.

Si nos fijamos en el contexto de la zona caucásica, su movilización parece ser ajena a la “llamada” de al-Bagdadi. Para estas terroristas, su acción se guía por Shamil Basáyev (1965-2006) y quedaría justificada por las operaciones militares rusas en su territorio.

Así todo, la “necesidad” de incorporar mujeres a la organización se produciría por:

Motivos estratégicos: las mujeres son capaces de ocasionar hasta cuatro veces más víctimas que sus pares masculinos. Por eso se recurre a ellas cuando las bajas masculinas en la organización son importantes.

Motivos simbólicos: uno de los rasgos que caracterizan al terrorismo es el simbolismo que hay tras cada acción; ningún elemento es fruto del azar. Sus actos buscan intimidar y violentar al “enemigo” a través del uso del terror, así como generar una mayor sensación de inseguridad que se traduzca en presión psicológica. Todas estas características hacen que un atentado cometido por una mujer suicida acapare mucha más atención mediática que uno cometido por un hombre.

Motivos sociales-estructurales: usar mujeres garantiza menor riesgo de ser descubiertos al tener una mayor capacidad para pasar desapercibidas, escondiendo el artefacto explosivo debajo el chador o abaya. Tienen a su favor el factor sorpresa: no se espera que una mujer vaya a cometer un atentado; a las mujeres se las ha asociado con la paz, no con la violencia. De esta forma, podemos ver cómo los reclutadores han sabido beneficiarse de los estereotipos y roles de género que imperan en la sociedad.

Naida Asiyalova cometió un ataque suicida contra un autobús de Volgogrado en 2013
Naida Asiyalova cometió un ataque suicida contra un autobús de Volgogrado en 2013

Ahora bien, ¿qué impulsa a estas mujeres a dar este paso? Generalmente, las principales motivaciones son de carácter emocional o afectivo, como puede ser la promesa de contraer matrimonio con un combatiente o ser la madre de futuros muyhaidines. Menores son los motivos que responden a causas utilitaristas, como las de conseguir entrar en el Paraíso u obtener una compensación económica por sus servicios. En último lugar, encontramos aquellas que acuden a la organización por causas existenciales, identitarias y/o en busca de venganza. Como veremos en próximas entregas, el peso de estas motivaciones varía en el caso de las mujeres del Cáucaso.

¿Cómo son ellas? Si nos fijamos en sus perfiles, podremos ver que responden al de una mujer musulmana, con estudios secundarios y/o superiores terminados, pertenecientes a segundas y terceras generaciones de inmigrantes, sin antecedentes penales, solteras, sin cargas familiares y con edades comprendidas entre los 19-23 años.

Estas variables actúan como un doble factor de riesgo. Por un lado, al estar en edad fértil, se convierten en procreadoras para poblar la futura generación. Respecto a los hombres (24-28 años), supone una diferencia de 7 años. Y por otro lado, las convierte en sujetos vulnerables al no tener a ningún hombre que las proteja, quedando libres para contraer matrimonio con muyhaidiens.

Una característica que sólo se observa en el caso de las mujeres es el hecho de que pueden sustentar el estatus de “viuda”. Este será un factor que se analizará con más detalle en próximas publicaciones con el estudio del perfil de la “viuda negra”, mujeres en muchos casos procedentes de Chechenia, Ingushetia y Daguestán que ostentan el estado civil de viudas al morir sus maridos (o algún familiar) a manos de militares rebeldes durante el conflicto checheno o de las fuerzas rusas de seguridad.

¿Cuál es su papel? Lejos de las promesas de igualdad de oportunidades con respecto a los hombres, la posición que la mujer ocupa se encuentra lejos del liderazgo y de la primera línea de combate. Ellas se dedican, principalmente, a tareas de captación y/o adoctrinamiento, a la difusión de propaganda a través de las redes y al enaltecimiento de la organización terrorista a la que pertenecen. No obstante, como explicaremos en próximas entregas, las “viudas negras” ostentan un papel más activo y han sido las responsables de más de 800 muertes.

Estudiaremos, entre otros, los perfiles de Java Barayeva y Luiza Magomadova (consideradas las primeras “Viudas negras”), Olga Romanova, Fatima y Khadichat Ganiyeva, Nadia Asiyalova, Zenet Abdurajmánova, Marja Ustarjánova o Oksana Aslánova, responsables de atentados cometidos en Rusia desde 2000.

Fuentes

Bloom, M. (2005). Dying to Kill. The allure of suicide terror. New York: Columbia University Press.

Bloom, M. (2011). Women and Terrorism. Bombshell. Pennsylvania: University of Pennsylvania Press

Bülent, B. (2004) “Russia and Chechnia: A long history of conflict, resistence and oppression”, Alternatives, Vol.3, 2 y 3. Recuperado en http://alternatives.yalova.edu.tr/article/view/5000159554/5000143967

García, C. (2015). “El papel de la mujer en la yihad global”, Revista de Occidente, 406.

González, M. (2008). Women and Terrorism: Female Activity in Domestic and International Terror Group.  Contemporary Terrorism Studies. Londres y Nueva York: Routledge.

Sjoberg, L., Gentry, C. (2011). Women, gender and Terrorism. Studies in security and international affairs. Georgia: University of Georgia Press.

Tarín, A. (2017) “When we are the violent: The Chechen Islamist guerrillas’ discourse on their own armed actions” , Journal of Eurasian Studies, Vol.8, 2. Recuperado en https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1879366517300106

Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET) http://observatorioterrorismo.com/

Global terrorism database (GTD) http://www.start.umd.edu/gtd/

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