La cobertura mediática rusa en el conflicto catalán: cuestión de propaganda(s)

Marta Ter (Observatorio Eurasia) y Quique Badia (El Temps) :::: En un momento de máxima tensión entre Cataluña y España, han aparecido noticias en varios medios españoles que alertan de una grave injerencia rusa en el conflicto, incluso de la puesta en marcha desde Moscú de una ciberguerra encaminada a atacar España y a socavar su legitimidad a nivel global. Sin embargo, recientemente el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha desmentido cualquier ataque contra equipos o sistemas informático durante la crisis catalana, y tampoco hay constancia de sustracción de información sensible. Entonces, ¿son rigurosas las afirmaciones de algunos medios?

En este artículo intentamos despejar esta incógnita así como explicar cómo se ha tratado desde Rusia la crisis catalana. Para ello, en primer lugar, revisaremos cuál ha sido la posición de Moscú en relación a los movimientos de autodeterminación de distintos territorios en los cuales quiere mantener su influencia. A continuación analizaremos cómo los medios estatales rusos han tratado la cuestión catalana para sus audiencias internas y externas y, finalmente, valoraremos hasta qué punto es preciso llamar “ciberguerra” a lo que, a nuestro parecer, es una campaña propagandística que podríamos calificar de baja/media intensidad. Esta operación estaría encaminada a azuzar las vulnerabilidades existentes en en el seno de la Unión Europea (UE) en un momento en el que las relaciones entre Bruselas y Moscú están visiblemente dañadas. El objetivo último no sería tanto hostigar a España, que en las últimas décadas ha mantenido buenas relaciones con Rusia, sino debilitar al conjunto de la UE.

Rusia y los movimientos de autodeterminación

Si bien Rusia, desde la caída de la Unión Soviética, ha reprimido con mano dura cualquier intento de secesión dentro de sus fronteras, no ha dudado en apoyar otros movimientos independentistas en los países vecinos. Así, a principios de los convulsos años 90, el Kremlin apoyó a los movimientos secesionistas en Transnistria (respecto Moldavia), en Osetia del Sur y Abjasia (respecto Georgia) y en Nagorno-Karabaj (respecto Azerbayán).

Los motivos para dar apoyo a estos estados no reconocidos por la comunidad internacional son dispares. En el caso azerbayano, sujeto a una calculada ambigüedad por la relación ambivalente de Rusia con Bakú y Ereván, se explica por la necesidad de mantener a Azerbayán en su esfera de influencia. En los casos moldavo y georgiano hoy se explicaría por la buena relación que mantienen estos dos países con los entes supranacionales que el Kremlin considera adversarios: la UE y la Alianza Atlántica (OTAN). El gobierno ruso utiliza estos estados “de facto” como elementos desestabilizadores en territorio moldavo y georgiano y como medidas disuasorias para que no se produzca una entrada de estos países ni en la UE ni en la OTAN.

Por otro lado, el Kremlin se ha opuesto con vehemencia a los procesos de secesión que han afectado a sus aliados. El caso de la ruptura de Serbia a cuenta de la creación de Kosovo, en 2008, con el beneplácito de EE.UU. y la UE, es un buen ejemplo de ello. A partir de esa fecha, los presidentes Putin y Medvédev se han remitido a Kosovo cada vez que les ha interesado apoyar algún proceso secesionista, argumentando que con este episodio, la comunidad internacional “abrió la caja de Pandora”. Así, en 2014, Kosovo salió a colación en el discurso que Putin hizo anunciando la anexión de Crimea y, en lo que respecta a Ucrania, Moscú no sólo facilitó la realización de un referéndum de “autodeterminación” en la península de Crimea, sino que también apoyó la creación y la consolidación de los gobiernos separatistas del este del país, en Donetsk y Lugansk. Estas repúblicas surgieron cuando, al caer del poder el hombre del Kremlin en Ucrania, Víctor Yanukovich, se vislumbró la posibilidad de un acercamiento de la antigua república soviética a Occidente.

Sin embargo, dentro de las fronteras rusas, los movimientos independentistas son reprimidos con dureza. El ejemplo más patente es Chechenia, una pequeña república del Cáucaso que, tras declarar su independencia de Rusia, fue pasto de dos devastadoras guerras después de que, en 1994, el entonces presidente ruso Boris Yeltsin enviara al ejército para “restaurar el orden constitucional”. Por otro lado, en diciembre de 2013, poco antes de promover el separatismo en Ucrania, Moscú aprobó unas leyes que castigaban con penas de cárcel y fuertes multas a quienes hicieran llamamientos al secesionismo en Rusia. A día de hoy, algunas personas están ya en prisión por haber hecho comentarios en las redes sociales sobre la integridad territorial rusa.

Y, al mismo tiempo que las leyes criminalizan el hecho de manifestar cualquier opinión sobre la integridad territorial en Rusia, el llamado Movimiento Antiglobalización —dirigido por el abogado Aleksándr Ionov— promueve,, desde 2015, una serie de cumbres sobre el derecho de autodeterminación. En septiembre de 2016, bajo el título “El diálogo de las Naciones. El derecho de los pueblos a la autodeterminación y a construir un mundo multipolar”, se dieron cita en Moscú activistas independentistas del Sáhara Occidental, Puerto Rico o Hawai. Entre ellos estuvo también el catalán Enric Folch, secretario internacional de la formación extraparlamentaria Solidaritat Catalana per la Independència (SI).

Respecto al movimiento independentista catalán, el presidente ruso Vladímir Putin ha repetido, desde su primera comparecencia sobre el tema el pasado 4 de octubre, que la cuestión catalana es “una cuestión interna del Reino de España”. Cabe destacar también que, en ese mismo discurso, pronunciado ante los embajadores en Rusia, el de España incluído, refirió lo acaecido el 1 de octubre como “referéndum”, confiriéndole una cierta legitimidad. Menos diplomático fue el 19 de octubre, en una conversación en el think tank Valdai Discussion Club, en la que alertó de “la fragilidad de la estabilidad” en estados consolidados como España. Habló de la cuestión catalana como de algo que tiene “una larga historia”, pero insistió de nuevo en que es una cuestión interna que debe solucionarse mediante los procedimientos legales que el Estado español establece. Tampoco desaprovechó, cabe decir, la situación para referirse a Kosovo y a Crimea para reprobar a EE.UU. y a la UE.

Cobertura mediática del referéndum en Cataluña

Tras la crisis de Ucrania y la anexión de Crimea en 2014, la comunidad internacional ha impuesto severas sanciones a Rusia, y las relaciones entre «Occidente» y Rusia están visiblemente dañadas, especialmente entre la UE y Moscú. Existe un clima de desconfianza mutuo en el que cada actor intenta explotar las vulnerabilidades del adversario. Y es en el marco de esta disputa geopolítica que se está librando entre Bruselas y Moscú que es preciso analizar la cobertura mediática que desde Rusia se ha dado al referéndum de autodeterminación en Cataluña.

En este artículo, nos centraremos en analizar cómo el referéndum en Cataluña ha sido cubierto en medio ruso más popular en Rusia, la televisión, y también en las versiones en inglés de los principales medios rusos para audiencias extranjeras: RT (antigua Russia Today) y Sputnik.

Según señala Miguel Vázquez Liñán, experto en propaganda rusa, el seguimiento continuado de los medios mainstream de Rusia ofrece al espectador la imagen de un país cuya soberanía e integridad territorial están en permanente peligro. Las amenazas, según el discurso que circula por esos medios, provienen de dos fuentes principales: el terrorismo yihadista y “Occidente”, encarnado en Estados Unidos, la OTAN y la UE.

En esta línea, los medios han desarrollado un discurso patriótico basado en que Occidente sólo respeta a Rusia cuando ésta es fuerte, y cualquier muestra de debilidad puede significar pérdida de poder. Así, se ha construido una narrativa en la que Rusia destaca por “su poderío militar como rasgo identitario y fuente de la influencia internacional del país”, señala Vázquez Liñán. Y en la cúspide del poderío militar ruso se halla la imagen idealizada del presidente Putin, representado como un líder fuerte, cuya autoridad y eficacia como comandante en jefe es indiscutible.

En contrapartida, los medios públicos rusos suelen referirse a “Occidente” como un mundo que ha entrado en decadencia tras haber aparcado sus valores conservadores y cristianos, y que desea arrebatar el poder y la soberanía a Rusia. En clara oposición a Rusia, la UE es a menudo descrita como un espacio en crisis liderado por gobernantes débiles y cobardes.

En el caso que nos ocupa, la cobertura en los medios estatales rusos sobre Cataluña, veremos cómo surgen estas narrativas, enfatizando la crisis catalana como un factor que está causando un daño sistémico en la UE, que incluso podría conducirla a su atomización, y que sus líderes, indecisos y pusilánimes, ni saben ni pueden atajar. Al mismo tiempo, otros elementos recurrentes en la cobertura del caso catalán son Kosovo, como precedente a la crisis actual, y también los paralelismos entre Cataluña y las independencias “de facto” que el Kremlin apoya, como Crimea, el Este de Ucrania, Osetia del Sur y Abjasia.

Hemos visionado un total de ocho programas de política dedicados exclusivamente a Cataluña en los dos canales televisivos de más audiencia: Rossiya 1 y Pervi Kanal. Concretamente, “Vremya pokazhet” (Perviy Kanal) y “60 Minut” (Rossiya 1) de los días 2 y 31 de octubre. Además, por su indiscutible relevancia, hemos hecho un seguimiento de uno de los presentadores televisivos de más popularidad en Rusia, Dimitri Kiselev, que conduce el informativo semanal “Vesti Nedeli”  en Rossiya 1. Kiselev, además, fue designado por el Kremlin para dirigir Rossiya Segodnia, un conglomerado de medios que surgió tras la reestructuración del aparato de información exterior que el gobierno ruso llevó a cabo en 2013 y que incluye a Sputnik y a RIA Novosti. Kiselev comparte la dirección de Rossiya Segodnia junto a Margarita Simonián, que es también la directora de RT, el más influyente de los medios rusos a nivel internacional.

El análisis deVremya pokazhet” y “60 Minut” el día 2 de octubre muestran, en ambos casos, una línea editorial claramente posicionada a favor del movimiento independentista catalán. Los invitados en “Vremya pokazhet” destacan, mientras por la pantalla se muestran imágenes de cargas policiales durante el referéndum, que la actuación de los cuerpos de seguridad fue “dura pero ineficaz”, ya que no consiguió frenar el voto, y comentan que “la tendencia es que Europa podría desintegrarse en pequeños estados” si otras regiones deciden seguir el ejemplo catalán. Como en otros programas que hemos analizado, se trazan paralelismos entre Cataluña y Crimea, aprovechando para dar una buena imagen del referéndum que se celebró en esta última: “Si comparamos desde el punto de vista del derecho internacional los referéndums de Cataluña y Crimea, Cataluña sale perdiendo desde el punto de vista legal. En Cataluña se han producido muchas infracciones.”.

Mientras hablan, se suceden en la pantalla una serie de tuits enviados por los telespectadores, que redundan en los temas clave de la narrativa rusa para describir el procés:

Es interesante saber a quién interesa una desintegración en Europa. La UE y los EEUU tienen muy malas relaciones ahora mismo.

Por otro lado, el 60 Minut” del 2 de octubre tiene más pluralidad de opiniones: hay quien está a favor del derecho de autodeterminación de Cataluña y quién niega esa posibilidad. Y vuelven a repetirse los temas ya mencionados: comparación del referéndum de Cataluña con Crimea, mención a Kosovo como precedente que ha permitido el estallido de la crisis, y constatación de la gravedad de la situación que la UE está atravesando. El ejemplo de Kosovo lo rescata un miembro del Partido Comunista: “en los años 90 se permitió la destrucción de todas las normas internacionales. Con la desintegración de Yugoslavia, permitieron la independencia de Kosovo. En ese momento decidieron los que mandaban en la UE, y ahora ocurrirá lo mismo”. Poco después debaten la analogía entre España y Ucrania. Un experto ruso afirma que “en ambos lugares la gente quería ejercer su derecho de autodeterminación (…) y dialogar. Y en ambos lugares el gobierno central, en vez de dialogar, usó medidas represivas. (…) Esto ocurrió en Donbass y ahora ocurre en Cataluña. Madrid ha repetido los errores de Kíev”.

La opinión más polarizada del programa la expresa Nikita Isaev, un “observador independiente” ruso que entrevistan en Barcelona: “Aquí [en Cataluña] se ha creado un gobierno nacionalista con tintes fascistas. Prácticamente han echado a los españoles de aquí, la lengua castellana casi no tiene presencia. (…) Esta república ha decidido, apremiada por extraños relatos externos, tirar hacia delante esta situación. Y ahora resulta que España ha de responder por esto ante Europa y todo el mundo. (…) A Cataluña llegan productos agrícolas del resto de España mientras que aquí la gente sólo descansa y hace la siesta. Los catalanes son gente perezosa y holgazanes. Y a los expertos en el estudio que van diciendo ‘dejemos que Cataluña tenga un referéndum…’, ¿Por qué no permitís que también se celebre en las regiones del Tatarstán, Chechenia o Kaliningrado?”.

Ante estas afirmaciones, en las que por primera vez se pone en entredicho la integridad territorial rusa, el presentador responde tajante: “Nosotros podemos tener diferentes opiniones, pero hay una posición del gobierno ruso: es una cuestión interna de España”.

En cuanto a la cobertura del presentador estrella del canal Rossiya 1, Dimitri Kiselev, hemos realizado un seguimiento de todos los informativos semanales “Vesti Nedeli” emitidos entre el 1 de octubre y el 5 de noviembre. En los dos primeros programas, del 1 de octubre (día del referéndum) y del 8 de octubre, se emiten piezas grabadas en Barcelona en las que mayoritariamente se muestra el punto de vista del movimiento secesionista. Se entrevista al vicealcalde de Berga, de la independentista Candidatura d’Unitat Popular (CUP), a Lluís Llach, parlamentario del grupo de mismo signo político Junts pel Sí, y también a la alcaldesa de Gavà del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), la única voz no independentista. Aunque hay un marcado sesgo en las dos piezas, no se detectan noticias falsas: se habla de las cargas policiales del día del referéndum, de la ilegalidad del mismo según la ley española, de la manifestación unionista que se produjo el día 8 de octubre, de las empresas que empiezan a cambiar su sede social fuera de Cataluña y de lo problemático que puede tornarse mantener esta situación de forma sostenida de cara al turismo.
Sin embargo, en el programa del 15 de octubre, el giro en la manera de enfocar la situación es radical. Visiblemente contrariado, Kisilev explica que Puigdemont declaró la independencia pero ésta sólo duró 9 segundos, y luego hizo marcha atrás. Entonces, pasa a comparar Putin y Puigdemont en un breve discurso en el que ensalza al presidente ruso, describiéndole como un hombre responsable y preocupado por la seguridad de la gente en Crimea, que en ningún momento les puso en peligro, y Puigdemont, que “hizo salir a los jóvenes a la calle, les engatusó”, y después se esconde. “He aquí la Europa ejemplar (…) Uno se queda atónito ante esta irresponsabilidad, falta de perspectiva y cobardía personal. Para nosotros es sorprendente”.

La crítica a Puigdemont continúa en el programa del 22 de octubre, en el que Kiselev le tilda de ser “un líder débil” que ha “traicionado a su gente”. Sin embargo, el presentador aparece más animado el 29 de octubre, dos días después de que el Parlament declarase la independencia. Kisilev cuenta a los telespectadores que “el Parlament de Cataluña superó la indecisión de Puigdemont y ha declarado la independencia de Cataluña”.

Finalmente, el 5 de noviembre, cuando Puigdemont ya se ha trasladado a Bruselas, los reproches de Kisilev son implacables, para arremeter, de paso, contra buena parte de la clase política europea: “Puigdemont es el prototipo de político europeo. Débil, escurridizo, cobarde, miope, que rehúye sus propias responsabilidades”. Y añade que “de líderes que rehúyen sus responsabilidades, en Europa se pueden encontrar tantos ejemplos como queráis”. Y enumera a David Cameron en referencia al referéndum sobre el Brexit y el bombardeo de Libia; a Tony Blair y la campaña militar contra Irak; a los ministros de exteriores de Alemania, Francia y Polonia respecto al Euromaidan, que prometieron actuar como garantes de la transición política hacia unas elecciones anticipadas y luego se produjo un “golpe de estado”; a Angela Merkel que no cumple sus promesas de aceptar refugiados; y termina el listado con Emmanuel Macron y Petr Poroshenko.

El programa “Vremya pokazhet” también muestra un cambio en su narrativa de la crisis en España a medida que ésta va avanzando, aunque el giro no es tan radical como el observado en “Vesti Nedeli”. El 31 de octubre, “Vremya pokazhet” critica a Puigdemont por haber “huido a Bruselas cuando las cosas no salieron bien”, pero se centra más en analizar la crisis por la que atraviesa la UE, que valoran como “sistémica” y “muy profunda”.

Así pues, la línea editorial de la televisión estatal rusa simpatiza con el independentismo porque le sirve para robustecer su propaganda sobre un Occidente en crisis que podría descomponerse, gobernado por líderes cobardes e irresponsables frente a una Rusia unida y fuerte presidida por Putin, un político firme y responsable que se preocupa por su gente. Al mismo tiempo, le sirve para comparar el referéndum de Cataluña y Crimea, poniendo de manifiesto que en el primero hubo violencia e irregularidades jurídicas, mientras que en el segundo no hubo ningún contratiempo. Y finalmente, lo utiliza para insistir, de nuevo, en la gran irresponsabilidad que fue el reconocimiento de Kosovo por parte de la comunidad internacional, y para legitimar el derecho de autodeterminación que tienen las minorías que viven en un territorio, en referencia a los estados “de facto” que Rusia apoya. Unas conclusiones que coinciden con las de otros analistas.

Sobre la supuesta propaganda rusa proindependencia en el mundo

El director adjunto de El País, David Alandete, ha publicado en los últimos tres meses una docena de artículos en los que sugería que Rusia estaba interfiriendo en la cuestión catalana. Su tesis se basa en que una hipotética línea editorial de los medios globales del Kremlin favorable a Cataluña se explicaría por una voluntad de perjudicar a la UE. Así, si la red de bots prorusos que varias investigaciones han constatado que se dedican a diseminar contenido de las cadenas dependendientes del gobierno de Putin, retuitean o comparten piezas relacionadas con Cataluña, estaríamos ante una voluntad de injerencia en España. Una teoría, ésta, que debería clarificarse bien y no magnificarse para no caer en propagandismo.

Está fuera de discusión en este texto que RT y Sputnik son las principales herramientas de las que Moscú dispone para influir en las audiencias extranjeras para promover su narrativa de los hechos. RT es una cadena de televisión fundada en 2005 y sufragada con fondos públicos para presentar la narrativa oficial rusa al extranjero. Sputnik, en cambio, es una agencia internacional de noticias por radio e Internet que se creó en 2014. Ambos medios están dirigidos por la misma persona, Margarita Simonián.

Pero después de revisar las 188 piezas publicadas bajo las etiquetas “Catalonia’s independence referendum” hasta el pasado sábado 17 de noviembre de las versiones en inglés de los medios mencionados, es posible afirmar que hay diferencias significativas entre sus líneas editoriales. Escogimos la versión inglesa ante las alegaciones sobre cómo perjudicaba la imagen de España ante el mundo la supuesta propaganda. Así, en RT el sesgo a favor de la independencia es evidente, aunque sin perjuicio de que aparezcan voces discordantes como la del extertuliano de la cadena conservadora española Intereconomía, Rubén Tamboleo, o la del activista ultracatólico de Hazte Oír, Ignacio Arsuaga, contrarios los dos a la independencia catalana. En un artículo publicado en El País, precisamente, se vincula a Arsuaga con el magnate ruso ultraortodoxo Konstantin Malofeev, presidente del think tank ruso Katehon, que figura en la lista de personas sancionadas por la UE por su implicación con el separatismo en el este de Ucrania.

Y de las 118 piezas publicadas por Sputnik, 21, casi un 18%, contienen un argumentario abiertamente contrario a la independencia catalana. Esto va desde difundir argumentos del gobierno español contra la secesión a dar voz a Ferran Brunet, miembro de la organización constitucionalista Societat Civil Catalana (SCC). Las comparaciones con el Brexit son recurrentes, y en muchos artículos se muestra la posición del gobierno español como conciliadora. Destaca también que durante la jornada del 1 de octubre se publican sólo dos artículos referidos a la violencia —que tildan de “choques” entre independentistas y policía— como un hecho destacable, y un tercero en boca del entonces presidente catalán, Carles Puigdemont; una cifra comparativamente menor al de otros medios internacionales. La primera referencia a lo “desproporcionado” de la acción policial no se publica en Sputnik hasta las 10 de la noche de la jornada. Dos horas antes el periódico británico The Guardian ya había publicado un editorial con el nada conciliador título “El estado español ha perdido”, en relación a la violencia. Este mismo medio, si ampliamos el foco más allá del 1 de octubre, publica 215 artículos hasta la conclusión de este análisis frente a los 188 que resultan de la suma de RT y Sputnik. Algunos de ellos con opinadores de la talla de Gerry Adams, presidente del Sinn Féin norirlandés, a favor de la independencia catalana sin tapujos.

Fake news en el debate sobre Cataluña
En septiembre de 2015 la UE estableció el equipo East Stratcom Task Force, una unidad que depende del servicio diplomático de la Unión (EEAS), cuyo objetivo es «afrontar las campañas de desinformación rusas». El grupo cuenta con 11 empleados, y con la ayuda de una red de más de 400 académicos y periodistas elaboran el boletín semanal Disinformation Review, en el que se publican las falsedades detectadas. También confeccionan un archivo con miles de casos de las fake news descubiertas, noticias falsas insertadas en la narrativa mediática sobre un conflicto para engañar (desinformar) y desorientar a los oponentes, distorsionando su percepción de la realidad.

Para el periodo comprendido entre el 1 de octubre y el 31 de octubre de 2017, en este archivo de Stratcom se han recopilado cuatro casos de información falsa propagada sobre Cataluña, frente a 49 casos detectados sobre Ucrania, 32 sobre Estados Unidos o 14 sobre Georgia. España, como puede apreciarse en el siguiente gráfico, está a la par con otros países europeos como Alemania e Italia (6 casos respectivamente), Polonia (5 casos), Holanda y Suecia (4 casos cada una).

Casos de desinformación detectados por East Stratcom Task Force en diferentes países durante el mes de octubre de 2017

De los cinco casos incluidos en este archivo de Stratcom sobre España, cuatro hacían referencia a Cataluña. Dos de ellos fueron publicados en la televisión estatal rusa:

La respuesta lógica de Europa hacia el referéndum catalán tendría que haber sido reconocer la independencia de Cataluña y bombardear Madrid”. Una afirmación puesta en relación a Kosovo, de nuevo. Stratcom recuerda que la resolución de la Corte Internacional de Justicia es producto de una guerra con miles de muertos y desplazados y una década de negociaciones.

Los europeos se inventaron la teoría del separatismo global”. Parte de la narrativa habitual de culpar a Europa de todo.

Otra noticia falsa se publicó en una página web rusa de escaso impacto, Poliexpert.ru:

Sokolov sobre la independencia de Cataluña: las fuerzas mundiales preparan una guerra en Europa”.

Y la cuarta pieza de desinformación reportada no se originó en Rusia, sino que fue un post en Facebook de un ministro moldavo en su página web: Los líderes de la UE apoyan la violencia en Cataluña”. Algo que desmiente una nota de prensa de la Comisión.

A partir de estos datos podemos concluir que en Rusia sí se han generado falsedades sobre la situación en Cataluña, pero en mucha menor cantidad que en otros países y en una línea que no difiere de tabloides sensacionalistas como el Sun. La guerra de desinformación, pues, no parece tener como objetivo a España, sino a Ucrania y Estados Unidos. Así, la presuposición necesaria para sostener la hipótesis de la injerencia deviene inconsistente si parte de la premisa que RT y Sputnik han difundido propaganda cargada de fake news para inflamar el conflicto catalán. No ha sido así.

Teorías de la conspiración

El País sustenta parte de su tesis sobre la injerencia en el hecho de que medios pro-Trump de EE.UU. como InfoWars o The Drudge Report, muy dados a la conspiranoia, también se habían subido al carro de la propaganda a cuenta de la cuestión catalana. En España hay tres páginas que, como las ya mencionadas cabeceras estadounidenses, acostumbran a servir como caja de resonancia para diseminar y amplificar la narrativa del Kremlin: el Observatorio Hispano-Ruso de Eurasia (OHRE), Katehon y El Espía Digital. Ejercen un papel parecido al de los polémicos medios norteamericanos.

Katehon, como hemos mencionado anteriormente, es un think tank ruso presidido por Konstantin Malofeev y cuyo principal ideólogo es el neofascista Alexander Duguin, máximo exponente del eurasianismo. El Espía Digital, por su parte, es un portal de Internet dirigido por Juan A. Aguilar, colaborador habitual en RT y Sputnik y antiguo militante de la extrema derecha española. Estas organizaciones, que ahondaron en su momento en la legitimidad de la anexión de Crimea y apoyaron sin fisuras el secesionismo en el Este de Ucrania, son ahora unánimemente contrarios a la independencia de Cataluña. Desde sus páginas niegan con contundencia cualquier injerencia rusa en el proceso catalán y señalan a la OTAN y/o a George Soros como los principales artífices del independentismo.

Los rusos’ se van… y llega George Soros (ahora de verdad) – OHRE

MAIDAN.CAT: Tras las huellas de la OTAN en el procés – El Espía Digital

Lo que hay detrás del 1-O – Katehon
Por otro lado, en Sputnik se publicó el pasado 23 de septiembre un análisis firmado por Andrew Korybko, colaborador de Katehon, que cuenta con aportaciones del español Enrique R. Acedo, quien también ha publicado en el think tank de Duguin.

¿Un ejército de bots?

Javier Lesaca escribía en el Washington Post sobre su trabajo en la George Washington University, en el que se analizan más de 5 millones de mensajes en Twitter, Facebook y otras redes sociales en los que se emplean los términos Catalonia, Cataluña y Catalunya entre el 29 de septiembre y el 5 de octubre. Su investigación ha dejado al descubierto una ingente red de robots que difunden el contenido de RT y Sputnik.

Esta aportación académica iría en la línea del informe de Stratcom titulado con el elocuente apelativo de “Robotrolling”, en el que se constata que un 84% de los mensajes en ruso en redes sociales sobre la cuestión báltica son emitidos por robots. También se señala en los artículos de El País la implicación de Julian Assange con la causa catalana como un posible indicador de que Rusia está invirtiendo esfuerzos en generar conflicto en la UE a costa de Cataluña.

Pero la relación que se sugiere entre la interferencia báltica y una hipotética injerencia en Cataluña es discutible. En primer lugar, por el ya mencionado orden de prioridades patente en el ranking de Stratcom, en el que España está muy abajo, y de las cuatro noticias falsas producidas sobre la cuestión. En segundo lugar, por el hecho, ya constatado, de que las coberturas de RT y Sputnik no diseminaron información fabricada ni todas las noticias tenían un sesgo muy evidente. Por lo menos no eran piezas mucho más sesgadas que las de otros medios internacionales. En tercer lugar, por obviar la potencia en redes sociales del independentismo catalán, que es capaz de viralizar un tuit de Assange a una velocidad asombrosa. Sin descartar también los bots diseñados desde el independentismo, que los hay.

Un experto en la cuestión, Ben Nimmo, investigador en el campo de la Información de Defensa del Laboratorio de Investigación Forense Digital del Consejo Atlántico (DFRLab por sus siglas en inglés), añade también a las críticas la imprecisión que implica mencionar cabeceras como Disobedient Media como parte de la trama rusa. Una crítica que también incluye a InfoWars o al The Drudge Report, todos ellos medios prestos a publicar informaciones más bien amarillentas y sensacionalistas.

Los hechos son los hechos: hasta el momento no se tiene constancia de encuentros de líderes independentistas catalanes —más allá de la mencionada anécdota de Enric Folch de SI— con personas vinculadas al Ejecutivo de Putin, como ya se ha podido constatar en EE.UU. con la administración Trump. Y es difícil establecer esta conexión a través de la figura de Julian Assange, que mantuvo una reunión con el empresario y editor Oriol Soler el pasado 9 de noviembre en la embajada de Ecuador en Londres. Es cierto, eso sí, que tanto RT como Sputnik arman un total de cinco artículos en base a tweets del conocido filtrador, como también es verdad que en ningún caso van tan lejos como él al forzar los hechos. Son muchas las imprecisiones de Assange en relación al conflicto catalán.

En cuanto al uso del término de “ciberguerra” usado por algunos medios españoles para referirse a la operación mediática rusa sobre Cataluña, amplificada por robots en las redes sociales, creemos que es infundada. Como ya apuntan la investigadora Myriam Redondo y la periodista Yolanda Quintana, no se puede calificar esta situación como ciberguerra, pues no hay constancia de sustracción de información sensible -como ocurrió durante la campaña electoral en EEUU-, ni se ha dañado ninguna infraestructura ni sistema mediante ataques telemáticos -como también sucedió en Ucrania o en las Repúblicas Bálticas.Podemos llegar a denunciar una operación propagandística, pero carecemos de datos relevantes sobre una supuesta implicación “de hackers rusos” en Cataluña. Al cierre de este trabajo, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) español aseguraba que no se había dado ningún ciberataque del gobierno ruso durante la crisis catalana.

CONCLUSIONES

El Kremlin tiene una posición ambivalente con los procesos de secesión. Los ha promovido y utilizado a conveniencia como instrumento para debilitar las antiguas repúblicas soviéticas, a las que trata como un patio trasero, o los ha defendido en los países de sus adversarios, mientras que los ha rechazado cuando quienes se han visto afectados han sido países aliados o dentro de sus fronteras. No es descartable que en un contexto de conflicto entre Rusia y la UE como el que se está viviendo, Vladimir Putin tenga interés en que el caso catalán perviva. Eso, a pesar de que España ha sido un país relativamente benigno respecto a Rusia, llegando a pedir en solitario que se suavizaran las sanciones en su contra.

Pero cualquier alegación de injerencia rusa en territorio español debe de estar muy bien fundamentada. En algunos medios se ha utilizado indiscriminadamente el término “ciberguerra”, hecho que implicaría ataques informáticos efectuados por hackers para dañar o sustraer información sensible o para destruir sistemas de comunicación, tal y como ocurrió en Estados Unidos en la campaña electoral o en Ucrania con el apagón de dos centrales eléctricas. El propio CNI ha desmentido que se hayan producido ataques provenientes de Rusia.
¿Estamos, entonces, ante una operación propagandística rusa? Sí, una campaña que podríamos denominar “de baja/media intensidad” porque aunque bien es cierto que existe un evidente sesgo informativo a favor del movimiento secesionista catalán, no hemos constatado un número significativo de fake news como ocurrió vastamente en la propaganda rusa respecto a Ucrania, Georgia o Siria, estrategia que continúa dándose hoy en día. De hecho, en el archivo de la agencia europea dedicada a documentar fake news producidas por Rusia sobre el tema catalán sólo constan cuatro casos. Por otro lado, la propaganda sobre nuestro país no es monolítica: en todos los medios analizados existe pluralidad respecto a Cataluña, con algunas voces -aunque minoritarias- claramente posicionadas en contra del derecho de autodeterminación, hecho impensable que se produzca en el mainstream ruso sobre Ucrania, por ejemplo.
Y finalmente, aunque el uso de bots para difundir la narrativa rusa sobre Cataluña está confirmado por organizaciones independientes, a nuestro entender pasa a ser menos relevante si lo que en realidad se amplifica es una línea editorial y no un relato basado en el uso masivo de fake news u otras estrategias de desinformación. Por otro lado, cabría realizar un estudio más profundo para analizar el impacto real en la opinión pública global y en nuestro país que puede haber tenido la propagación de estas noticias, aunque a partir de los datos recogidos hasta el momento, no parecería que haya sido significativo.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s